Un documental (y un bebé) nacen

Mi primer hijo nació tras una larga labor de parto que concluyó en cesárea. El proceso es brumoso para mi ahora pero recuerdo que los libros pro-lactancia materna que había leído me pasaban por la mente con sus advertencias que a los bebés nacidos por cesárea les costaba succionar y tener una práctica de lactancia exitosa. Cuando la cesárea se convirtió en la única opción que nos quedaba, temí que mi antiguo sueño de amamantar a mis hijos no se haría realidad. Sin embargo cuando pusieron a William en mis brazos, lo miré a los ojos por unos segundos e instintivamente lo acerqué a mi pecho. El alivio que sentí cuando succionó todavía reverbera a través de mí. Es tal vez porque me sentí afortunada de poder amamantarlo a pesar de lo que había leído sobre las cesáreas que a menudo le pedí a mi marido Nate que nos filmara cuando William estaba amamantando.

Mientras editaba nuestros videos caseros me di cuenta que las imágenes de nosotros jugando con William me recordaban a escenas de cine y televisión que he visto desde niña. Sin embargo casi nunca he visto la lactancia materna representada en cine o televisión aquí en los Estados Unidos o en Venezuela, donde nací y viví hasta los 16 años. Mi propia lactancia me pareció una experiencia absoluta—vital para quien William era de bebé y para el adulto en quien se convertirá, vital también para mi propia identidad que se enriqueció a través de la experiencia. Pero la lactancia está ausente de la mayoría de nuestras representaciones culturales de la maternidad y la infancia. Cuando quedé embarazada de mi segundo hijo Santiago decidí llevar la historia de mi experiencia amamantándolo más allá de nuestro círculo familiar.

Tenía 13 años cuando nació mi primer hermano y 19 cuando el segundo vino al mundo. Al ser mucho mayor que ellos tuve la felicidad de ver a mi madre amamantar a ambos bebés y soñé con el día en que yo también tendría un bebé en mis brazos. De mi madre aprendí cuan profunda puede ser la experiencia de la lactancia y aprendí que el balancear la lactancia y la vida profesional requiere un baile intrincado y constante. Al igual que mi madre yo llevé a mis hijos al trabajo y los amamanté durante incontables reuniones y eventos profesionales. Quería que esta película captara ese aspecto de la experiencia de lactancia porque si hay poca representación de mujeres amamantando en los medios de comunicación, imágenes de mujeres amamantando en el trabajo son tan escasas que los empleadores tal vez ni se imaginen la posibilidad de darle la bienvenida a bebés a espacios laborales. Sin embargo, un bebé que amamanta—como lo muestra Teta—puede estar presente en una variedad de experiencias profesionales sin interrumpirlas. De mi madre también aprendí a amamantar en público sin sentir culpa ni pena. No sólo quisiera comenzar una conversación sobre la lactancia en los sitios de trabajo con esta película, sino también espero que la película una su voz al vibrante movimiento que busca normalizar la lactancia en público.

Filmé y edité este documental por 22 meses y mientras evaluaba el metraje y lo compartía con mi marido y con amigos, familiares y colegas, me di cuenta que la historia iba más allá de mi experiencia amamantando a Santiago. El documental también captura la manera en que William reaccionó a las horas que pasé con su hermano en mis brazos, convirtiendo nuestros momentos de lactancia en momentos en que él también estaba muy cerca de nosotros y creó intimidad entre los tres. Aunque pasó mucho tiempo detrás de la cámara, el rol de Nate al apoyar y disfrutar la cercanía que el proceso de lactancia creó se convirtió en otro hilo de la película. Teta es una historia de amor transmitido de madre a hijo a través de la leche materna, pero también la historia de amor familiar que crece a través de una experiencia de lactancia que en nuestro caso lleva generaciones. Me emociona pensar en las generaciones que vendrán y en las madres que, mientras yo escribo esto, están comenzando sus propias experiencias de lactancia y uniéndose aún más a sus bebés y a sus familiares a través de esta práctica transcendente.

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